jueves, 17 de enero de 2008

PRÊT À PORTER

Es infernal ver como los centros comer-ciales están abarrotados los 365 días del año. Y ya si nos ponemos a analizar las semanas de rebajas, que Dios nos pille confesados . Las colas en las cajas son interminables, los cerros de ropa se amontonan en los cajones, los probadores huelen a pies más que nunca y encontrar un sitio para aparcar el coche es un castigo del cielo. Pero a pesar de todo, seguimos acudiendo a la misa de los saldos como borregos ávidos de llenar con ropa los vacíos que se crean en nuestro día a día. Los jóvenes nos quejamos de la vivienda y de la subida del pan, pero comprar en rebajas es sagrado. Ayer me fui de compras y me compré de todo. Más de lo que necesito y menos de lo que me hubiera gustado comprar.



Soy un pecador de la moda y, por un lado soy culpable. Pero por otro soy víctima. Desde que nacemos vivimos sometidos al yugo de la moda. Si no vas a la última no eres nadie. Pero esto no es de ahora. Así lo demuestra una encuesta realizada por la revista Style y SkyMovies en la que se ha elegido a la actriz mejor vestida en el cine. Los ganadores han sido Kira Knightley y el vestido verde de su última película “Expiación”.



Le siguen Marilyn Monroe y sus falda a lo loco en “La tentación vive arriba” y la dulce Audrey en su mítico “Desayuno con diamantes”. La cuarta posición le corresponde a la licra negra de Olivia Newton-John en Grease y la quinta a la titánica Kate Winslet. La sexta posición se la lleva la cosmopolita Annie Hall encarnada por Diane Keaton en 1977 y la séptima a la cortesana del Moulin rouge Nicole “Satin” Kidman.


La octava mejor vestida según Style y SkyMovies es Liza Mielli en la emblemática Cabaret. Las últimas posiciones son para Cate Blanchet en el papel de “Elisabeth” y para aquella mujer que juró nunca más volver a pasar hambre (e ir siempre de punta en blanco), Vivien Leigh en “Lo que el viento se llevó”. A pesar de la primera posición, que se debe más a promocionar una película en cartel, estoy de acuerdo con los resultados de esta encuesta cinematográfica, ¿no?.



El culto a la moda siempre ha existido y, según va la cosa, predigo que perdurará por los siglos de los siglos. El día del juicio final ya veremos quien debe redimirse por sus pecados de moda.
Eso sí acudiremos al juzgado divinos.

lunes, 7 de enero de 2008

TRAINSPOTTING

Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches y equipos de compact disc. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige el bricolage, y preguntarte quién eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver en la tele concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable siendo una carga para los niñatos egoistas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida.

¿Habéis visto Trainspotting? Comienza con una frenética persecución en la que el protagonista corre con todas sus fuerzas mientras resuenan las anteriores palabras. Esta mañana me ha pasado algo parecido. No ha sonado el despertador, he mirado el reloj y he saltado de la cama. Son las 7:37 y entraba a las 7:30. Me he puesto lo primero que he visto, me he lavado la cara y he salido pitando de casa. Cojo el coche, no hay ni un alma en la calle, voy solo por la carretera. Aparco el coche, me enciendo un cigarro, lo tiro a las dos caladas. Le digo al de seguridad que me abra (¡es fiesta y la puerta está cerrada!). Entro en el edificio, subo las escaleras corriendo, digo hola a mis compañeros. Me siento frente a mi ordenador y pienso: “no me levantaré de aquí hasta finales de marzo”.

Como Ewan McGregor interpretando a Renton en 1995, esta mañana he corrido mientras la rutina me pisaba los talones. Cabe pensar si vale la pena correr a lo largo de la mitad de tu vida para poder estar sentado en la otra mitad. ¿No sería mejor ir andando plácidamente siempre? Mientras corría he recordado que por mucho correr el tiempo no se acaba. Y aunque hasta marzo tenga que correr intentaré hacerlo mirando las vistas. Sin duda, elijo la vida. Suerte en la vuelta a la realidad.

miércoles, 2 de enero de 2008

AMELIE

Mi Amelie particular acaba de cumplir sus 27 inviernos y para celebrarlo cogimos un avión con destino a su ciudad, la ciudad del amor. París recibió con sus brazos abiertos a mi pequeña Amelie que, aunque acabó con los pies molidos, recorrió junto a su hombre lobo las calles parisinas bajo la luz de la luna. La protagonista de mi película es sincera, no se calla lo que piensa, no tiene secretos y cuando hace algo se entrega a ello con cuerpo y alma. Mi Amelie es inteligente y despierta, siempre juega a ganador y pase lo que pase siempre tiene los pies en el suelo.


Mi pequeña Amelie prefiere las acciones a las buenas intenciones. Y es que prefiere no hablar y actuar. No parece cariñosa pero lo es. No es de abrazar con los brazos sino con el corazón y, aunque no lo demuestre, se preocupa más que nadie por los que la importan. Sería capaz de fotografiar a un gnomo de jardín en cada rincón del mundo por cualquiera de los suyos.





Mi Amelie es como la torre Eiffel en diciembre; al principio la niebla hace que no se deje ver, pero si te fijas bien, ves lo preciosa que es de arriba a abajo, por dentro y por fuera. Tiene un firme forjado y una fuerte estructura. Y cuesta ver su interior, pero cuando lo consigues quedas maravillado.



Mi pequeña Amelie Poulan posee un carácter inquebrantable y tiene pequeños detalles que la hacen monumental. Tiene alma y manos de artista: pinta, esculpe y cose como nadie. A veces saca el genio pero la paciencia es una de sus principales virtudes. Y así lo demostró en nuestro último viaje aguantando las tonterías de su hombre lobo en París.



En la ciudad de la luz todo es diferente ya que su aire huele a romanticismo y estilo. Tomarse un café, caminar cogidos de la mano, coger un autobús o entrar en una tienda es distinto que en cualquier otro lugar. Y más aún si lo haces al lado de mi pequeña roja y verde Amelie. Lo lógico sería decir que siempre nos quedará París pero a mí siempre me quedarás tú en París. Feliz cumpleaños pequeña Amelie Poulan.

lunes, 17 de diciembre de 2007

LA FUERZA DEL DESTINO

Una de las noticias musicales del año es la separación del grupo “La oreja de Van Gogh”. De una de sus canciones, aunque retocándola un poquito, tomo prestada una frase para comenzar esta última historia del año: “En un día de éstos en que suelo pensar hoy va a ser el año menos pensado”.


Como el barbero decía a Hanna en el Gran dictador: “Hanna, ¿puedes oírme? Donde quiera que estés mira a lo alto, Hanna. Las nubes se alejan. El sol está apareciendo… Mira a lo alto, Hanna. Al alma del hombre le han sido dadas alas y al fin está empezando a volar. Está volando hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza, hacia el futuro: un glorioso futuro que te pertenece a ti, a mí, a todos. Mira a lo alto, Hanna. Mira a lo alto."
¿Existe el destino?, ¿tenemos marcado nuestro futuro desde que nacemos o vamos construyéndolo con nuestros pasos? La verdad es que no lo sé con certeza. Supongo que hay hechos que provocamos con nuestros actos pero hay historias que tienen que suceder, y por mucho que deseemos con todas nuestras fuerzas que no sucedan, acaban sucediendo. El destino tenía escrito en sus páginas que en este año que está a punto de acabar, llegara a su fin una historia y comenzaran otras que han hecho del 2007 un año del que no querré acordarme. Por eso, quiero mirar hacia arriba.

De este año me llevo lo bueno y pretendo olvidar lo malo. Quiero guardar en mi memoria el cariño, la unión y los los rincones del mundo que he conocido. Quiero olvidar lo triste que es despedirse para siempre de alguien que quieres y lo duro que es a veces tenerse que levantar de la cama. Haciendo balance de los últimos 12 meses, lo único que saco en claro es que prefiero mirar hacia delante y desear que todo vaya mejor en los 12 próximos.

Quiero levantar la vista y mirar de frente a mi destino. Mirar hacia arriba y hacia delante para ver como se despeja el cielo y los rayos de sol acarician mi cara. No quiero mirar hacia atrás, sólo hacia el futuro y ver momentos compartidos y nuevos destinos conocidos. Ver más aire fresco, menos televisión, más cine y más risas. Ver más cenas con los amigos, más ratos con mi hermano y mis abuelos. Más cafetitos con mis padres, menos trabajar y más tiempo para mi y para la niña de mis ojos. Quiero ver más comprensión, más transigencia y menos reproches. Ver crecer a los pequeños y envejecer a los viejos.

Como dijo la hermana de mi abuela María al final del último verano: "Vivir para ver". Eso le pido al 2008.




jueves, 13 de diciembre de 2007

REBELDES

Parece que fue ayer cuando teníamos 16 años. Años de instituto, nuevas experiencias y falsa rebeldía. Nos creíamos los más modernos, los más listos y los más luchadores. No entendíamos la vida burguesa de nuestros padres y ni se nos pasaba por la cabeza que unos cuantos años atrás ellos fueron, al igual que nosotros, los más rebeldes.
Dentro de los rebeldes, éramos de los más empollones y normales. Salíamos por la tarde y llegábamos por la noche, en el último metro. Nos pasábamos horas hablando en cualquier banco comiendo pipas y fumando nuestros primeros cigarros. En las noches de fin de semana nos conformábamos con poco y salíamos a celebrar que hoy era hoy bebiendo calimocho peleón sentados en algún parque de Malasaña. Salíamos a comernos las calles con 500 pesetas en el bolsillo y toda la energía e inconsciencia que da la adolescencia. Eran días de palmeras, chucherías y bocatas de tortilla en el recreo. Fue un tiempo en el que mirabas a tu alrededor y veías primeros besos, primeros botellones, primeros móviles, primeras pellas y primero de casi todo.




Creíamos que íbamos a la última con nuestro pantalón y nuestras camisetas 4 tallas más grandes. Los más valientes se ponían piercings y tatuajes convirtiéndose en los mayores del grupo. Era imprescindible llevar una cinta de Nirvana en el walkman. Si no calzabas unas Doc Martins, no llevabas pantalones de pana y en tu armario no había una camiseta de El Che no eras nadie. Quemábamos, como si fuera nuestro último día en el mundo, tardes y noches de amistad y risas. Miro hacia atrás y, con añoranza y cariño, recuerdo aquellos días de tonta rebeldía por la que había que pasar.



Fue antes de encontrarnos de golpe con la realidad y entender que la vida es totalmente diferente a todo aquello. Antes de que nos importara lo realmente importante. Antes de anhelar una vida fácil que juramos nunca desear. Y antes de comprender que el más rebelde no es el que lleva el pelo más largo, los pantalones más caídos y que vive como Dios, sino el que discretamente lucha contra las injusticias que hay en el mundo.