martes, 22 de diciembre de 2009

Good Bye Lenin!

Me gusta el rojo. Es un color bonito. Pero como a Audrey Hepburn en "Desayuno con diamantes", no me gustan los días rojos. Y este año que está a punto de despedirse ha estado plagado de días rojos. Disfruto con los días verdes, azules,violetas, naranjas y amarillos. Verdes de esperanza, azules de paz, naranjas de vitamina, violetas de descanso y amarillos de luz.


Los días rojos están llenos de incertidumbre, preocupación y tristeza. Así que, grito, escribo y proclamo "Good Bye Lenin!". Good Bye rojo, Good Bye 2009. Y no quiero parecer pesimsta ni negativo, la verdad es que he nacido con estrella y no tengo derecho a quejarme. Estos 365 días también han guardado en uno de los cajones de mi alma momentos inolvidables, lugares increíbles, risas llenas de oxígeno y amor. El año deja en mis ojos pinceladas de apoyo incondicional, amistad sentida y vida.

Ha sido un año rojo pero con instantes cromáticos que guardaré siempre. Al nuevo reto al que nos enfrentamos llamado 2010 le pido menos rojo y más atardeceres en buena compañía, más música con la que bailar amarrado a la vida y más ilusión, mucha más ilusión.




Deseo que sea un año azul y verde esperanza en el que la risa sea más fuerte que el llanto y que las alegrías venzan a los contratiempos. Por mi y por todos mis compañeros, lanzo un cohete al cielo con el año que termina en su interior para que descanse junto a las estrellas. Junto a mi estrella. Good Bye Lenin!

jueves, 27 de agosto de 2009

UNA HISTORIA VERDADERA

Escribir o no escribir. Esa es la cuestión. Hace meses que no lo hago. Hay ocasiones en las que los miedos se hacen más fuertes que las palabras y me convencen de que no tengo nada que contar. Pero lo cierto es que no pasa un día en que no piense en que debo volver a mis historias. Porque, aunque no haya nada que contar, hay tanto que decir. Mi vida sopla como el viento y yo, en medio de ella, me zarandeo como un junco hacia un lado y hacia otro. Algunas tardes hay brisas agradables que me hacen bailar al son de la música de los vientos del amor, del cariño y de la amistad. Pero hay días en que los fríos vientos del miedo me tumban y me hacen tiritar desde el suelo. Supongo que eso es la vida, bailar y caer. Pero soy optimista y sé que por mucho que el viento sople y por muchas veces que bese el suelo, volveré a levantarme. Los fríos vendavales que azotan mis días tristes sólo me pueden hacer rasguños. Como decía Irvin en “Una historia verdadera”, una persona es como una fina rama. Se puede romper fácilmente con las manos.
Pero una familia son muchas ramas atadas por un lazo. Y por muy fuertes que sean las dos manos que intenten partirlas o por muy frío y rápido que sea el viento que las zarandeé e intente tirarlas al suelo, son irrompibles. Cada tarde apretaré el nudo de mi lazo porque el lazo es mi compañero de baile. El lazo es el que me levanta cada vez que me caigo.

martes, 28 de abril de 2009

HISTORIA DE UN BESO


Parece que fue anoche cuando un beso cambió mi vida. ¿Pueden pasar cinco años en lo que se tarda en chascar los dedos? Aún recuerdo las mariposas volando por todo mi cuerpo durante aquel instante mágico. ¿Quién me iba a decir que aquel beso era el principio de la historia de amor más sincera jamás vivida? Aquella noche descubrí lo que era existir por y para alguien. Aquel beso me enseñó lo que es ceder tu alma y tu corazón a otra persona. Y estoy seguro que no viviré nada comparable con aquel momento. Aquella noche nada podía salir mal. Era el lugar y el momento perfecto.
Ya han pasado cinco años del beso y no puedo creer que las mariposas sigan volando, que la historia de amor siga más sincera y más viva que nunca y que continúe existiendo por y para ella. Mirando hacia atrás, veo que si los años vividos se despiden del presente en buena compañía, el pasado, más que un tiempo mejor, se transforma en un tiempo perfecto que deseas que no acabe. Sueño con un futuro que se refleje en el espejo del pasado y brille con la luz del presente. Una luz perfecta que resplandece gracias a la sonrisa de la dueña de aquel beso.
Cinco años junto a ella son pocos porque quiero más, los quiero todos. Y son suficientes porque me han hecho comprender que la lealtad, la confianza, la ilusión y, sobretodo, el amor existe. Puedo oírlo en el viento, el futuro es nuestro. Esta noche nuestra historia cumple años. Cinco años irrepetibles. Cinco años que durarán toda mi vida… ¿Qué más puedo pedir? Si me sonríe la vida, le agradezco el gesto.



martes, 7 de abril de 2009

LA ESTRELLA AUSENTE

Hay personas que nunca te han mirado a los ojos y con las que nunca has hablado. Personas que no saben ni que existes pero forman parte de tu vida desde el primer día que recuerdas. Son personas con las que has crecido y, sin saberlo, te han acompañado en momentos inolvidables. Parece que siempre van a estar ahí y, de repente, un día abres el periódico y lees que se han ido para siempre. Hoy la voz grave y sincera de Mari Trini ha cantado su última estrofa. Se va demasiado pronto, pero puede volar tranquila porque siempre quedarán sus palabras: “Algo así como un verso que no dice nada… algo así como acariciar un bello rostro con manos heladas… algo así no puede sobrevivir, es un árbol que no tiene raíz”.
Puede volar tranquila porque gracias a sus poéticas canciones todos, en algún momento, hemos tenido una estrella en el jardín.

viernes, 13 de marzo de 2009

A CIEGAS

Así andamos todos últimamente. A ciegas. No podemos ver lo que nos tiene preparado el futuro. Un futuro incierto que promete ir a peor. El mundo está en crisis y sólo el tiempo parece tener la solución para que vuelva a girar con normalidad.

Los problemas laborales y económicos han traído a la calle agresividad, malos humos, egoísmo y tensión generalizada. Son malos tiempos para las sonrisas y por eso, para conservarla, debemos hacer caso de nuestras convicciones y no de las de los demás. No nos tenemos que dejar engañar por líderes, periódicos y radios afines a un lado o al otro de la crisis. No olvidemos que los malos tiempos traen malas intenciones y cuando esas intenciones son políticas, son peligrosas. ¿Por qué no se ponen de acuerdo en lugar de discutir sobre quien tiene la culpa de todo?.

Una bonita canción reza: “…es el momento de olvidar lo que nos separó y pensar en lo que nos une...”. Pero parece que en los despachos y parlamentos es más fuerte el rencor que la esperanza. Esperanza que debemos tener los que vivimos el día a día esperando ver algo de ilusión en el horizonte. Esperanza de poder volver a ver las vistas que iluminan nuestro camino. Mientras tanto, lo único que podemos hacer es seguir andando, sin parar, cogidos de la mano y palpando los obstáculos del camino para no tropezar y seguir andando.

Disfrutemos de los pequeños placeres que podamos permitirnos y mostremos una gran sonrisa por lo menos una vez al día. Porque, aunque sea entre las sombras, una sonrisa siempre se ve y se agradece.
Por cierto, esta noche pretendo ir al cine a ver la película que titula este lamento escrito en tiempos de crisis. Una película basada en una novela de Saramago dirigida por Fernando Meirelles y protagonizada por mi admirada Julianne Moore. Un placer que, de momento, me puedo permitir.

martes, 3 de marzo de 2009

CANTANDO BAJO LA LLUVIA

Por mucho que llueva al otro lado del cristal.
Por mucho que tarde la primavera en regalarnos su sonrisa.
Por muchos rayos y truenos que retumben en mis oídos.
Por mucho tiempo que permanezca el sol escondido detrás de las nubes que coronan nuestras cabezas.
Por muchos atascos que tenga que soportar.
Por muchas camisetas de manga corta que descansen en el cajón sin poder ser lucidas .
Por muchos que sean los pájaros de ciudad que se escondan y callen asustados por la tormenta.
Por mucho que tenga que caminar en contra del viento.
Por mucho que me moje, nunca pararé de cantar bajo la lluvia.
Tan tarara, tan tarararara, tan tarara, tan tarararara...

jueves, 19 de febrero de 2009

LOST IN TRANSLATION

¿Cuántas veces hemos oído eso de “no se sabe lo que se tiene hasta que se deja de tener”? Tal vez en cientos de ocasiones. Y es curioso como los humanos nunca pensamos realmente las cosas. Porque a pesar de escuchar esa frase una y otra vez, no seguimos su consejo. Al avecinarse una ausencia momentánea de lo que se tiene, uno es capaz de imaginar como será su vida sin esa persona que vive a tu lado y que supuestamente va a estar siempre ahí. Pero cuando de repente ya no está, es el momento en el que las personas entendemos y nos damos realmente cuenta de lo importante que es esa parte de nuestra vida que creíamos inseparable. Es al encontrarte de cara con la soledad, cuando reflexionas sobre lo que te costaría enfrentarte a la vida si tu mitad se fuera para siempre y no por unos días.


Las pequeñas rutinas del día a día son las que se harían difíciles. De pronto, te verías a ti mismo poniendo la mesa en silencio con un solo tenedor en la mano y un triste vaso en la otra. Te encontrarías con tu mirada en el espejo a medianoche lavándote los dientes sin tener que hacerte un hueco en el lavabo. Tendrías que subir la compra a dos manos en lugar de a cuatro, despertarte cada mañana en medio de la cama y no en tu lado. Recurrirías a la televisión o a la música para ahuyentar al maldito silencio y mirarías el teléfono como si fuera a sonar en cualquier momento.

No tendrías a quien dar las buenas noches ni una cara que besar por las mañanas. Llegarías a casa pidiéndole al cielo que el tiempo pase volando para no estar solo… Y volar. Eso es lo que deseas. La vida está formada de pequeños momentos que se repiten cada día y que no reciben la importancia que se merecen. Son esas rutinas que te hacen sentir vivo y cuando desaparecen, te sientes perdido y extraño entre las paredes de tu propia casa. Deseas volar para poder lavarte los dientes, poner la mesa, hacer la compra, ver la tele, sacar la lavadora, reir y llorar con lo que siempre tienes y nunca querrás perder. Nunca.

lunes, 5 de enero de 2009

CABARET

En las bambalinas los nervios están a flor de piel. ¿Estamos todos preparados, maquillados, peinados y vestidos para salir a escena?. Muy bien. Calentemos la voz y estiremos las piernas. Las luces se acaban de encender, un redoble de tambor anuncia que la música comienza a sonar. Por un instante, antes de salir a escena, intentamos olvidar los errores del espectáculo de ayer para no repetirlos. Recordamos los aplausos. ¡Adelante! Comienza una nueva función.





La vida es un cabaret. Y sus canciones suenan a novedades, risas, palabras bonitas, apoyo y esperanza. Acaba de comenzar el espectáculo, más de trescientos días de música y luces en los que las sonrisas serán más fuertes que las lágrimas. En los que tendremos que sudar para que nuestros sueños se hagan realidad. Se escucharán todas las voces y bailaremos sobre una silla al son de las trompetas y poniéndonos el mundo por montera.


La vida es un cabaret. A pesar de los obstáculos que encontremos en el camino, el espectáculo debe continuar. Disfrutemos cada minuto de este año como si fuera el último… sólo así, esta nueva función será un éxito.
¡Wellcome to cabaret!

viernes, 26 de septiembre de 2008

DESAPARECIDO EN COMBATE

No nos vamos a engañar. Sin Internet en casa, el trabajo se convierte en el único lugar donde volcar mis historias al mundo desde mi rincón del universo. El problema viene cuando el trabajo sólo te deja tiempo para trabajar. Las historias se quedan en el tintero y un tintero lleno no es buen compañero. En cuanto he tenido cinco minutos a la vista he ido ordenando mi cabeza para hacer zarpar todos los barcos que han quedado amarrados en el puerto de mis pensamientos mientras he estado desaparecido en combate. Esta historia contiene cuatro escenas que, sentado en mi butaca, tapado con una mantita y comiendo pipas, recuerdo mirando la pantalla de mi cine de verano.


LA CHICA DE LA PUERTA DE AL LADO

Siempre que recuerdo mi hogar aparecen ellos junto a él. Son más que familia. Me he criado con una pierna en mi casa y la otra en la suya. Cuando me da por pensar con quien podré contar para lo bueno y para lo malo, aparecen ellos como arte de magia en mi mente. Y estoy seguro que ellos sienten lo mismo hacia los chicos de la puerta de al lado. La Baba se nos casó el 25 de julio en la Basílica de Atocha con un gran hombre por dentro y por fuera. Ver a dos hermanas, no de sangre sino de corazón, cogidas de la mano al ver a su pequeña entrar vestida de blanco fue de las cosas más bonitas que he visto en mi vida. Instantes como esos son los que te enseñan que el cariño y el afecto verdadero no sólo hay que alimentarlo cada día sino que se demuestra y se siente en los momentos importantes de la vida. Y en la boda de Nuria hubo mucho sentimiento.
Toda la familia se sintió orgullosa al ver a Nuria más guapa que nunca vistiéndose en su casa. Nos emocionamos en la ceremonia y nos lo pasamos en grande en la celebración. Estoy seguro que junto a David, Nuria va a ser todo lo feliz que se merece. Y aunque su puerta ahora está un poco más lejos que hace unos años, para mí siempre estará al lado.


CARLITOS Y EL CAMPO DE LOS SUEÑOS

31 años son muchos para algunas cosas pero pocos para otras. Es una edad en la que ya hay que ser responsable pero pocos para ser aún un niño grande y seguir soñando. Patronato y yo le regalamos a Carlitos por su cumpleaños unos detallitos que le hicieron mucha ilusión, pero todos ellos envueltos con el deseo de que cumpla todos los sueños que guarda en su campo de fútbol secreto. Ahí van unas estrofas de una canción que me recuerdan a él cada vez que la escucho.

Nadie como tú sabe tanto de mi,
nadie como tú para hacerme reír.
Nadie como tú es capaz de comprender
mis penas mi tristeza, mis ganas de vivir…
Nadie como tú para pedir perdón,
nadie como tú valora esta canción
Nadie como tú me da su protección,
me ayuda a caminar, me aparta del dolor…
Solamente tú lo puedes comprender,
y sólamente tú te lo podrás creer.

En silencio y sin cruzar una palabra,
sólamente una mirada es suficiente para hablar.
Ya son más de veinte años de momentos congelados
en recuerdos que jamás se olvidarán.

Y pasarán los años y siempre estarás
buscando un plan para que se hagan realidad
los sueños que hacíamos antes de ayer al dormir
hablando del tiempo que nos quedará por vivir.

En silencio y sin cruzar una palabra,
sólamente una mirada es suficiente para hablar.
Ya son más de veinte años de momentos congelados
en recuerdos que jamás se olvidarán.

Y sin hablar, sólo al mirar
sabremos llegar a entender que
que jamás ni nada ni nadie
en la vida nos separará.


REINAS

Sólo diez días separaron dos historias de verano. La primera es un clásico del mes de agosto: el cumpleaños de mi madre. Poco la puedo decir más de lo que ya la he dicho o no la he dicho pero sabe que pienso y siento. El mundo siempre ha estado en manos de las luchadoras como ella. Y su mundo es el amor, la paciencia, la transigencia y la sinceridad. No cambies nunca mamá.
La segunda es una aventura inolvidable e inesperada que llenó la vuelta a la rutina de color y música. Sin aviso previo, mi compañera de viaje y yo nos vimos viajando de Bristol a Cardiff para disfrutar del estreno mundial de la última gira de su majestad Madonna. Un dulce fin de semana con un espectáculo arrollador como guinda. Pensaba que no podía morir sin ver a Madonna en directo. Y creedme cuando digo que ahora pienso que no sé como podía vivir sin haber visto a Madonna en directo.
Larga vida a las reinas.



LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA

Con esta canción abrieron su baile Silvia y Nacho y, hay que decirlo, fue uno de los bailes más emocionantes que he visto jamás. La ceremonia se celebró en El Escorial, un marco incomparable para prometerse amor eterno, ¿no?. La cena fue de lujo y todos los amigos nos lo pasamos genial bebiendo, bailando y la coctelera agitando. Hay que felicitarles porque, a pesar de todos los inconvenientes con los que se han encontrado en el camino, la boda fue perfecta. Una boda perferta para una pareja perfecta.
Se ve que se quieren y que siempre lo harán. Ya estoy deseando que vuelvan de su luna de miel para comentar cada foto y cada risa. Felicidades chicos.

martes, 12 de agosto de 2008

¡QUÉ NOCHE LA DE AQUEL DÍA!

Eva Amaral, Juan Aguirre y el monasterio de El Escorial. Los tres ingredientes esenciales para una noche inolvidable. El momento perfecto y el lugar correcto, como entona una de las últimas canciones de su último disco. Triple sombrero y señora, mi estrella de mar y yo hicimos amigos, botamos, cantamos, bailamos y nos emocionamos con estribillos cargados de fuerza y sentimiento. El concierto fue un vuelo kamikace de más de dos horas hacia la eternidad. Con la luna, las estrellas, los gatos negros de San Lorenzo y siglos de historia como testigos, anoche todos vivimos el momento de olvidar lo que nos separó y pensar en lo que nos une. REVOLUCIÓN.



martes, 5 de agosto de 2008

LA JOYA DEL NILO

A pesar de las esperas en aeropuertos y hoteles. A pesar de los madrugones para visitar los templos. A pesar del sofocante calor a las 8 de la mañana y del cansancio. A pesar de los inconvenientes de un viaje organizado. A pesar del peligro de pillar una gastroenteritis y de lo agobiantes que pueden llegar a ser los vendedores. A pesar de todo, volvería por tercera vez a buscar la joya del Nilo.

Regresar a Egipto pasados los años ha sido una experiencia maravillosa. Recordaba muchos detalles que creía haber olvidado. Egipto es un país en el que el turismo masificado contrasta con calles desiertas en las que sólo se ven a un par de niños jugando sobre un charco de agua embarrada. Es curioso ver como en una misma ciudad los barcos tiran comida y los bolígrafos son un tesoro. Egipto es un país mágico y más aún si tienes la suerte, como yo, de ir acompañado por toda una experta en dinastías, faraones, reinas y misterios egipcios.

Los templos son majestuosos y es inevitable que te recorra un escalofrío por la espalda cuando tocas con las yemas de los dedos relieves tallados hace milenios. Inolvidable Abu Simbel, su monumental puerta y su perfecto interior, el bazar de Assuan, la noche de Luxor, los burros intentando golpear las moscas con su rabo, el aire como fuego, el olor a motor, los perros flacos, la tranquilidad de los ancianos y la mirada de los niños

El frenético tráfico de El Cairo se para ante la paz y grandiosidad que emanan las pirámides de Giza. Y qué decir de las aguas del Nilo. Ahí es donde se encuentra la joya de Egipto. En el río de los ríos. Ver atardecer sobre sus aguas es una imagen que si se ve, nunca se olvida. Su agua como valsas de aceite en ocasiones y bravas como el mar en otras, convierten en un oasis cada centímetro de tierra que la rodea.

Surcando el Nilo desde una faluca, el viajero ve a niños achicando agua en barcas de madera, a padres e hijos transportando chatarra, a mujeres lavando ropa y a campesinos limpiando su ganado. El Nilo está bañado de riqueza y miseria, huele a humo de barco y a jazmín.


Pensar en él y en sus aguas me recuerda las ganas que tengo de volver a un país que atrapa. De contemplar el brillo de la joya de un río que enamora.

martes, 29 de julio de 2008

MANHATTAN

Al segundo lunes después de las vacaciones, uno se da cuenta que ha vuelto. Y más aún cuando ese lunes ha sido duro y el calor de la noche no deja dormir. Mirando la madrugada apoyado en el quicio de la ventana y fumando un cigarro me da por pensar en que cualquier tiempo pasado es mejor. Cierro los ojos y en lugar de ver mi calle desierta, el opaco cielo madrileño, el camión de la basura y a otros desvelados como yo en sus ventanas, veo luces, escaparates, taxis y cientos de personas andando con prisa hacia sus sueños. Cierro los ojos asomado en mi ventana y veo una calle sin final, a una anciana maquillada y con tacones esperando el autobús y a una chica negra con los pantalones caídos y una camiseta de Dolce & Gabanna hablando por teléfono con un enorme vaso de café en la mano. Veo mucho tráfico, un Starbucks en cada esquina y a los mendigos leyendo la sección de deportes. Cierro los ojos y escucho la música de Glen Miller mientras hago volar mi imaginación y despierto en la ciudad que nunca duerme.
Me veo saliendo de mi apartamento de la calle 73 y comprado algo para desayunar en el Papaya’s Grey que recibe a la gente que sale de mi estación de metro. Me veo sentado en Central Park tomándome mi hamburguesa de jamón, huevo y queso mientras observo a la gente pasear al perro, correr o empujar los carritos de sus hijos. Siento el viento en mi cara subido en lo más alto del Ferry que lleva a Staten Island y desde el que se divisa la Estatua de la Libertad. Me veo recorriendo de nuevo la quinta avenida con su olor a tráfico y estilo.

Después de hacer una parada enfrente de Tiffanny’s para comprar en el puesto de comida mejor ubicado de todo Manhattan un plato de pollo con arroz y una coca cola, me veo siguiendo mi camino y decidiendo sentarme en el Rockefeller Center a comer con un tenedor de plástico en la mano y con una sonrisa en la cara. Mi imaginación decide llevarme al edificio Chrysler recorriendo la calle 42 y me veo tomándome un café con hielo y caramelo mientras compruebo que, como en las películas, sale humo de las alcantarillas y el reflejo de la luz al atardecer en Nueva York sobre los edificios y el río Hudson deslumbra más aún que el propio sol.

Al llegar la noche me veo subiendo al último piso del Empire State para ver la inmensidad de la ciudad de los sueños y recorriendo Broadway y Times Square. Ninguna noche brilla tanto como la de Broadway. Desde mi ventana madrileña y con los ojos cerrados, me veo caminando por las calles de Nueva York regresando a mi apartamento de la calle 73 y esperando que el ruido de la noche neoyorkina no me quite el sueño esta madrugada. Entonces bostezo y abro los ojos que me enseñan la realidad del cielo opaco de mi Madrid. Ya es hora de irse a dormir. Soñar, ya he soñado.