jueves 27 de agosto de 2009

UNA HISTORIA VERDADERA

Escribir o no escribir. Esa es la cuestión. Hace meses que no lo hago. Hay ocasiones en las que los miedos se hacen más fuertes que las palabras y me convencen de que no tengo nada que contar. Pero lo cierto es que no pasa un día en que no piense en que debo volver a mis historias. Porque, aunque no haya nada que contar, hay tanto que decir. Mi vida sopla como el viento y yo, en medio de ella, me zarandeo como un junco hacia un lado y hacia otro. Algunas tardes hay brisas agradables que me hacen bailar al son de la música de los vientos del amor, del cariño y de la amistad. Pero hay días en que los fríos vientos del miedo me tumban y me hacen tiritar desde el suelo. Supongo que eso es la vida, bailar y caer. Pero soy optimista y sé que por mucho que el viento sople y por muchas veces que bese el suelo, volveré a levantarme. Los fríos vendavales que azotan mis días tristes sólo me pueden hacer rasguños. Como decía Irvin en “Una historia verdadera”, una persona es como una fina rama. Se puede romper fácilmente con las manos.
Pero una familia son muchas ramas atadas por un lazo. Y por muy fuertes que sean las dos manos que intenten partirlas o por muy frío y rápido que sea el viento que las zarandeé e intente tirarlas al suelo, son irrompibles. Cada tarde apretaré el nudo de mi lazo porque el lazo es mi compañero de baile. El lazo es el que me levanta cada vez que me caigo.

martes 28 de abril de 2009

HISTORIA DE UN BESO


Parece que fue anoche cuando un beso cambió mi vida. ¿Pueden pasar cinco años en lo que se tarda en chascar los dedos? Aún recuerdo las mariposas volando por todo mi cuerpo durante aquel instante mágico. ¿Quién me iba a decir que aquel beso era el principio de la historia de amor más sincera jamás vivida? Aquella noche descubrí lo que era existir por y para alguien. Aquel beso me enseñó lo que es ceder tu alma y tu corazón a otra persona. Y estoy seguro que no viviré nada comparable con aquel momento. Aquella noche nada podía salir mal. Era el lugar y el momento perfecto.
Ya han pasado cinco años del beso y no puedo creer que las mariposas sigan volando, que la historia de amor siga más sincera y más viva que nunca y que continúe existiendo por y para ella. Mirando hacia atrás, veo que si los años vividos se despiden del presente en buena compañía, el pasado, más que un tiempo mejor, se transforma en un tiempo perfecto que deseas que no acabe. Sueño con un futuro que se refleje en el espejo del pasado y brille con la luz del presente. Una luz perfecta que resplandece gracias a la sonrisa de la dueña de aquel beso.
Cinco años junto a ella son pocos porque quiero más, los quiero todos. Y son suficientes porque me han hecho comprender que la lealtad, la confianza, la ilusión y, sobretodo, el amor existe. Puedo oírlo en el viento, el futuro es nuestro. Esta noche nuestra historia cumple años. Cinco años irrepetibles. Cinco años que durarán toda mi vida… ¿Qué más puedo pedir? Si me sonríe la vida, le agradezco el gesto.



martes 7 de abril de 2009

LA ESTRELLA AUSENTE

Hay personas que nunca te han mirado a los ojos y con las que nunca has hablado. Personas que no saben ni que existes pero forman parte de tu vida desde el primer día que recuerdas. Son personas con las que has crecido y, sin saberlo, te han acompañado en momentos inolvidables. Parece que siempre van a estar ahí y, de repente, un día abres el periódico y lees que se han ido para siempre. Hoy la voz grave y sincera de Mari Trini ha cantado su última estrofa. Se va demasiado pronto, pero puede volar tranquila porque siempre quedarán sus palabras: “Algo así como un verso que no dice nada… algo así como acariciar un bello rostro con manos heladas… algo así no puede sobrevivir, es un árbol que no tiene raíz”.
Puede volar tranquila porque gracias a sus poéticas canciones todos, en algún momento, hemos tenido una estrella en el jardín.

viernes 13 de marzo de 2009

A CIEGAS

Así andamos todos últimamente. A ciegas. No podemos ver lo que nos tiene preparado el futuro. Un futuro incierto que promete ir a peor. El mundo está en crisis y sólo el tiempo parece tener la solución para que vuelva a girar con normalidad.

Los problemas laborales y económicos han traído a la calle agresividad, malos humos, egoísmo y tensión generalizada. Son malos tiempos para las sonrisas y por eso, para conservarla, debemos hacer caso de nuestras convicciones y no de las de los demás. No nos tenemos que dejar engañar por líderes, periódicos y radios afines a un lado o al otro de la crisis. No olvidemos que los malos tiempos traen malas intenciones y cuando esas intenciones son políticas, son peligrosas. ¿Por qué no se ponen de acuerdo en lugar de discutir sobre quien tiene la culpa de todo?.

Una bonita canción reza: “…es el momento de olvidar lo que nos separó y pensar en lo que nos une...”. Pero parece que en los despachos y parlamentos es más fuerte el rencor que la esperanza. Esperanza que debemos tener los que vivimos el día a día esperando ver algo de ilusión en el horizonte. Esperanza de poder volver a ver las vistas que iluminan nuestro camino. Mientras tanto, lo único que podemos hacer es seguir andando, sin parar, cogidos de la mano y palpando los obstáculos del camino para no tropezar y seguir andando.

Disfrutemos de los pequeños placeres que podamos permitirnos y mostremos una gran sonrisa por lo menos una vez al día. Porque, aunque sea entre las sombras, una sonrisa siempre se ve y se agradece.
Por cierto, esta noche pretendo ir al cine a ver la película que titula este lamento escrito en tiempos de crisis. Una película basada en una novela de Saramago dirigida por Fernando Meirelles y protagonizada por mi admirada Julianne Moore. Un placer que, de momento, me puedo permitir.

martes 3 de marzo de 2009

CANTANDO BAJO LA LLUVIA

Por mucho que llueva al otro lado del cristal.
Por mucho que tarde la primavera en regalarnos su sonrisa.
Por muchos rayos y truenos que retumben en mis oídos.
Por mucho tiempo que permanezca el sol escondido detrás de las nubes que coronan nuestras cabezas.
Por muchos atascos que tenga que soportar.
Por muchas camisetas de manga corta que descansen en el cajón sin poder ser lucidas .
Por muchos que sean los pájaros de ciudad que se escondan y callen asustados por la tormenta.
Por mucho que tenga que caminar en contra del viento.
Por mucho que me moje, nunca pararé de cantar bajo la lluvia.
Tan tarara, tan tarararara, tan tarara, tan tarararara...